Haga como yo y no se meta en política

Visto el meteórico ascenso de Ada Colau, quien en febrero de 2013 dijo que no le interesaba la política, en julio de 2014 parece ser que sí le interesó, y en las elecciones de mayo de 2015 fue elegida como alcaldesa de Barcelona, y hoy mismo ha presentado un proyecto político para Cataluña, quiero rebuscar algunas cosas del trastero. Al fin y al cabo, pasar, en poco menos de dos años, de “no me interesa la política” a “hoy Barcelona, mañana el mundo” es todo un logro. OK, quizás lo de “el mundo” es exagerar un poco, pero tampoco tanto.

“A Colau la veo protagonizando cambios a todos los niveles posibles. La proyección de Ada va mucho allá de Barcelona y de Catalunya. Se proyecta también hacia Europa y puede hacer fantásticamente bien todo lo que se proponga, pero quien se lo tiene que proponer y tiene que tener ese debate es Barcelona en Comú”, ha afirmado en declaraciones a los medios, antes de recoger su acta como diputado en el Congreso.

En fin, yo no soy quién para criticar. Si pudiera me compraría una isla perdida y me haría una guarida a lo Doctor No desde donde tramaría planes de dominación mundial. O no. Probablemente me pasaría el día jugando a video juegos (pero en mi isla.) En cualquier caso, quiero citar unas palabras de Ramón de España sobre Ada Colau.

Ramón de España (no, no es ningún pseudónimo, es su apellido real) es conocido en Cataluña por haber escrito dos libros sobre el proceso catalán: “El manicomio catalán” (2013) y “El derecho a delirar” (2015). En ambos habla de Ada Colau y dice cosas interesantes. En el primer libro únicamente escribe esta críptica frase:

“Los partidos políticos de la Transición -incluyendo CiU- se están desintegrando ante nosotros. Urge un nuevo sistema que no se intuye en ninguna parte, más allá e inútiles algaradas post 15-M y del discurso de activistas como Ada Colau, que no sé si es sincero, un truco para medrar o un mezcla de ambas cosas.”

pag 190.

No la menciona más. En el siguiente libro, donde relata ‘Un año en Cataluña’ le dedica un día, el 18 de Julio (poco después de que presentara su proyecto Guanyem), y seguramente también explica por qué no estaba ya por entonces seguro de si era sincera o no:

¿Por qué será que nunca me he acabado de creer a Ada Colau? […] ¿Por qué me sigue chirriando el personaje y sigo teniendo la impresión de que, para ella, las buenas causas son la manera más eficaz que ha encontrado de ganar amigos e influir en la sociedad, como decía Dale Carnegie?

[…] El problema de experimentar estas sensaciones y reconocerlas por escrito, como yo estoy haciendo en estos momentos, es que es muy fácil quedar como un cabrón descondiado que, no contento con no hacer nada por sus semejantes, se mete con alguien que da el callo por un mundo mejor.

Puede que esté influido por mi amigo el profesor C., que hace años tuvo entre sus alumnas a la señorita Colau. Siempre que salía la susodica en nuestras conversaciones, el profesor C. arqueaba la ceja y cambiaba el tema, como si también a él le diera vergüenza decir lo que pensaba de su exalumna. Hasta que un día no pudo más y me confesó que siempre le había parecido una trepa en busca de cualquier causa que le permitiese figurar.

Cuando la  señorita Colau dijo que abandonaba la PAH porque la consideraba, más o menos, una misión cumplida, y que se retiraba a casa para no dedicarse en absoluto a la política, pensé que el profesor C. y yo éramos unos miserables cargados de mala intención. Hasta que Ada volvió a enseñar la patita y a decir que bueno, que igual Barcelona necesitaba una aldaldesa como ella […]

Ada se iba a casa y, de repente, ya no se iba a casa. Tras tirarse años pasando de la ‘consulta’ y el prusés, ahora dice que está por la consulta y que votará ‘sí-sí’, pero sin explicar por qué.

[…]

Y uno se la queda mirando, como a Pablo Iglesias, y se pregunta por qué la izquierda no le ofrece nada mejor. Y recuerda, sin saber muy bien por qué, esa obra maestra de la frustración hecha poesía que salió en cierta ocasión del deprimido caletre del gran Fernando Pessoa: ‘Yo pedí amor y me sirvieron un plato de callos a la portuguesa fríos.’

pag 268-270

Y al igual que entonces, Ada se queda en casa (el Ayuntamiento, en este caso) y de repente hace un partido que no es partido, para presentarse a unas elecciones pero sin decirlo. Apenas ocho meses han transcurrido desde que consiguió la alcaldía (y por simple mayoría muy simple) y ya está mirando a la Generalitat. No está mal para alguien que no estaba interesada en la política y únicamente lideraba un movimiento ciudadano. Es más, según su último proyecto, ella aún sigue sin liderar nada y todo sigue siendo un “mandato ciudadano.” Me gustaría saber quién es ese ‘ciudadano’ del que tanto oigo hablar y cómo se hace para hablar con él y que siempre dé alas a las ambiciones de gente para nada ambiciosa.

La plataforma de la edil intentará implantar su manera de trabajar. Si este espacio se crea deberá seguir el modelo de BComú, ha sostenido Colau, que ha negado que su objetivo personal sea dar el salto a la presidencia de Catalunya.

[…]

El espacio rehuirá la política tradicional en la que “las siglas y los nombres” están por delante de los mandatos ciudadanos.

Si Xavier Doménech dijo la verdad, me gustaría ver cómo justificará su salto a Europa, pues es el siguiente paso lógico.

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4 thoughts on “Haga como yo y no se meta en política

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