Los apologistas occidentales son los etnocéntricos occidentales.

[Esta es una traducción/adaptación del original que escribí en inglés]

Después de cada ataque de un miembro de la religión que no debe ser nombrada, el mismo ritual ocurre, el juego de la apología: culpa a cualquier cosa excepto el propio asesino. O, como mínimo, deberías reducir su importancia.

Eso únicamente ocurre con tal religión o con movimientos que están considerados como oprimidos, discriminados o “marginalizados” de algún modo. Es ciertamente curioso describir a alguien con el poder para asesinar cientos de personas, y asustar a un superpoder para que se rinda cultural, política y militarmente, como “sin poder” u “oprimido” pero no soy progre, así que quizás no lo entiendo.

En cualquier caso, quiero comentar algo que es, hasta donde yo sé, habitualmente ignorado. A los apologistas les gusta describirse como los comprensivos y tolerantes, a diferencia de esos derechosos que son básicamente gente primitiva y cerrada de miras que aún no entiende como el mundo REAL funciona. Muchos de entre la derecha están implícitamente de acuerdo con esa descripción o, como mínimo, no se molestan en rebatirlo. Pero es un argumento erróneo, terriblemente erróneo.

La izquierda cosmopolita de champán no es un verdadero cosmopolitismo, ni tan siquiera un verdadero relativismo, es etnocentrismo, paternalismo, con un poco de Carga del Hombre Blanco, todo ello vestido bajo los trapos de la ideología progresista. No ven gente o seres humanos, únicamente razas como categorías que se extienden desde el Hombre Blanco Liberal (el Redentor), quien está en el centro de ese sistema intelectual.

Subyacente a las apologías del Islam está el supuesto de que los musulmanes y sus actos violentos son básicamente un epifenómeno, una creación, del pensamiento, la historia, y los medios occidentales. No exagero. Según estos ideólogos de izquierdas, los musulmanes no poseen una historia de Jihad con siglos de tradición, ni tampoco sus propios medios, sus tertulianos, ni sus predicadores en twitter con millones de seguidores. ¿Y ese lenguaje que usan, el árabe? Nah, seguramente sólo lo usan para traducir lo que la CNN dice. Somos nosotros, con nuestro “discurso del odio” los que causamos los crímenes. ¿Todos esos cientos de millones de musulmanes y sus conversaciones diarias, sus discusiones, conflictos sectarios, problemas filosóficos y ambiciones políticas? Eso no es nada.

Según los progresistas etnocéntricos, no existen miles de libros escritos por predicadores e intelectuales musulmanes. Ni tan siquiera tienen su propia tradición intelectual y política. Se supone que los musulmanes no tienen sus propios programas de tertulias, su propia jerga política, sus propias webs, sus propios foros de opinión, sus constructos filosóficos, sus propios políticos ambiciosos o megalómanos, o ni tan siquiera sus propios conflictos históricos ajenos a Occidente. Si pudieras ver la mente de un musulmán, básicamente verías alguien de Nueva Jersey pero, en vez de un opresor, verías a un ser humano oprimido por las condiciones materiales de Occidente. Según este delirio, los referentes culturales e intelectual de alguien de Siria, Bangladesh o Malasia son más o menos los mismos que los de un joven universitario de Dallas.

La causa de todo ese odio es, por supuesto, la islamofobia o, en el mejor de los casos, un nebuloso y global “Odio” que hemos de parar porque aparentemente también somos de algún modo responsables. Pobre gente, son básicamente una extensión de nuestros pensamientos y estructuras mentales. Y, por supuesto, debemos disculparles y culparnos a nosotros pues son simplemente nuestros hijos históricos e intelectuales.

Según esta demente visión de la humanidad, cuando un musulmán afgano quiere conocer qué ocurre en el mundo y entenderlo, no usa las fuentes de información de su sociedad. No habla con sus amigos musulmanes (el 99% de la población del país). No va a una madrassa ni tampoco escucha a su predicador favorito, quien le explica cómo el mundo está controlado por los judíos. No lee sobre las vidas gloriosas de mujahedines y lo orgullosos que habían estado sus familiares por aquel sacrificio. No se enfada como consecuencia de que un tertuliano musulmán  mienta y le diga cómo los occidentales están matando niños musulmanes por todo el mundo. Tampoco aprende de su familia ni de una cultura que no ha tenido apenas contacto con las ideas Occidentales. No, somos nosotros. Nosotros somos la causa de sus creencias, comportamientos, patrones mentales, esperanzas, miedos, ansiedad, presión de grupo, y delirios varios. El trabajo intelectual de millones de musulmanes no vale o explica una mierda. El problema somos nosotros.

Eso es tan absolutamente condescendiente que ahora puedo entender por qué algunos islamistas parece que se rían de nosotros. Nos leen, y se ríen, porque creen que somos tan estúpidos que, desde su punto de vista, esos occidentales degenerados no son únicamente unos pecadores infieles sino también la versión ideológica de alguien que cree que la Tierra es plana o que la Tierra es el centro de Universo.

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